Guido Indij, librero y editor, fue coordinador de la red hispanoblante de la Alianza hasta 2019.
“Ser editoras y editores independientes es cuestionar el mundo, ayudar a darle sentido, hoy y mañana”, afirman desde la Alianza Internacional de Editores Independientes, una red de más de 750 editoriales presentes en 55 países del mundo, que se creó en 2002 frente a los movimientos de concentración de la edición. El texto colectivo es un informe sobre el estado de situación de la edición independiente frente a la pandemia de la covid-19, pero se propone también analizar los desafíos esenciales de cara al futuro. El 36 por ciento de los miembros de la Alianza se encuentran en el continente africano; el 20 por ciento en América Latina; el 7 por ciento en América del Norte; el 4 por ciento en Medio Oriente; el 1 por ciento en Oceanía; el 5 por ciento en Asia y el 27 por ciento en Europa. Los integrantes históricos en Argentina son los sellos Marea, La Marca, Libros del Zorzal y Libros de la Araucaria.
En casi 20 años, la Alianza tiene asociadas editoriales de todos los tamaños (de 1 a más de 50 empleados) y de distintas naturalezas (cooperativas, empresas, asociaciones). “Aunque nuestras realidades son diversas, nuestras preocupaciones siguen siendo colectivas: fragilidad de las estructuras independientes, incertidumbre del futuro, preocupación por posibles desvíos (sociedad de la vigilancia, presión sobre los empleados, virtualización del aprendizaje, etc.)”, advierten desde la Alianza y enumeran algunos peligros: “Un movimiento generalizado de concentración a través de plataformas depredadoras (Amazon) que pone en peligro las librerías independientes en particular; la insuficiente remuneración de los creadores (autores, ilustradores, traductores, etc.) que ya era problemática antes de la crisis y que podría reforzarse con la multiplicación de las ofertas gratuitas; la falta de instrumentos financieros, técnicos y humanos que permitan a todas las editoriales digitalizar sus fondos; el desarrollo de los usos digitales plantea importantes cuestiones ambientales y sociales: economía de la atención y depredación de los usos, explotación de los datos personales y regímenes de vigilancia, impacto medioambiental perjudicial de ciertos usos y alojamiento en línea”.
Guido Indij, librero y editor de La Marca, Asunto Impreso, Interzona y Factotum Ediciones, fue coordinador de la red hispanoblante de la Alianza Internacional de Editores Independientes hasta septiembre de 2019. “Los traductores siguen traduciendo, los correctores siguen corrigiendo, nosotros seguimos diseñando, armando, pensando; pero económicamente estamos destrozados. Antes de la pandemia, ya habíamos reducido nuestro plan editorial de 65 libros a 40. Pero ahora calculamos que publicaremos entre 20 y 30 títulos este año. Trato de administrar la ansiedad de los autores y hacer equilibro con la economía. Todos cobraron sus sueldos íntegros y todos los escritores cobraron los derechos que vencían este mes”, cuenta Indij a Página/12.
¿Qué políticas se tendrían que implementar para ayudar a las editoriales? “En el mercado externo, estamos trabajando con la comisión de comercio exterior de la Cámara Argentina del Libro (CAL) un plan integral de diez años para el comercio exterior de nuestro sector. Tenemos que tener una política colaborativa, con la participación de Cancillería y de otros organismos estatales para poder exportar seriamente nuestros libros”, precisa Indij. “En el mercado interno, el Estado tiene que volver a ser un actor activo y eso se hace mediante la constitución de bibliotecas de aula y adquiriendo libros, no necesariamente con los amplísimos descuentos y condiciones que plantea Conabip, que tienden a favorecer la compra de más ejemplares por parte del Estado, sino que el Estado, al mismo tiempo que está comprando para cumplir una misión que es acercar la lectura a los alumnos, tiene que entender que está apoyando una industria cultural; entonces no tenemos que acostumbrarnos a que todas las compras del Estado tengan que ser con el 50 por ciento de descuento. Hay que encontrar la manera de que esas compras se realicen a través de las librerías, como el modelo francés, donde la escuela hace sus compras en la librería de proximidad, pero con un descuento mínimo de un 10 por ciento, no un 50 por ciento de descuento –explica el editor-. Esto significa mayor presupuesto del Estado”.
vía p/12
1/6/20
Ericka Montaño Garfias
Enviada
Periódico La Jornada
Miércoles 3 de diciembre de 2014, p. 7
Miércoles 3 de diciembre de 2014, p. 7
Guadalajara, Jal., 2 de diciembre.
La Alianza de Editoriales Mexicanas Independientes dio a conocer el domingo la Declaración Internacional de los Editores Independientes cuyo objetivo es promover y defender la bibliodiversidad –en un mercado en el que fallan los canales de distribución–, y donde se demandan políticas públicas que faciliten la libre circulación del libro, además de reiterar la necesidad de que se permita a los sellos independientes participar en la producción de libros de texto.
El documento se dio a conocer en una conferencia de prensa en el contexto de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, en la que participaron los editores Deborah Holtz (México), Leonardo Dolores (Perú), Guido Indij (Argentina), María Eugenia Lorenzini (Chile) y Marcelo Uribe (México), quienes al finalizar iniciaron el conteo 1, 2, 3, 4, 5… hasta el 43, por los estudiantes de la normal de Ayotzinapa.
Uribe, de Ediciones Era, señaló que el término
edición independienteno existía hace unas cuatro décadas, porque en ese entonces todas las editoriales lo eran, pero ahora se presenta el fenómeno en que las grandes editoriales absorben a las chicas y eso genera una enorme concentración en ese ámbito que ahora tiene a gigantes de la producción de libros con mayores ventajas operativas frente a los editores independientes.
El verdadero poder editorial, dijo, está en las editoriales independientes que son las que animan a los lectores. De no ser así, ¿por qué cuando alguna comienza a destacar en ese momento es absorbida por los grandes grupos corporativos?, preguntó.
La edición independiente se ha visto acorralada y ahora el reto es lograr mantener la diversidad, salir al mercado y tener una presencia porque esa es la única forma en que se ofrecerá bibliodiversidad, advirtió Uribe, fundador de la Alianza Internacional de Editores Independientes que ahora reúne a 40 editores y editoras de 45 países.
Por democratizar la lectura
La declaración señala que en 2005 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) adoptó la Convención sobre protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales, que
representó un paso importante hacia el reconocimiento de la especificidad de los contenidos culturales y del papel de editor independiente.
Sin embargo,
para que no sea letra muerta, la convención exige ser respaldada por políticas públicas efectivas. El documento señala la urgencia de implementar políticas nacionales del libro que favorezcan el desarrollo cultural y la democratización de éste y la lectura; reforzar la cadena del libro, respaldar la producción local, la difusión y acceso a todos los libros, la implementación de medidas fiscales adecuadas, multiplicar los espacios para la lectura, y dichas políticas públicas deben además ocuparse de los formatos tradicional y digital.
Esas políticas nacionales
deben posibilitar una circulación equilibrada de las obras y una regulación del mercado del libro para así poder contrarrestar las acciones depredadoras de los grandes grupos multinacionales.
Otro punto relevante es la necesidad de proteger los derechos de autor.
Al respecto, advierte:
Debemos estar aún más atentos y también ser más inventivos para contrarrestar cualquier intento de opresión de la palabra.
Respecto de esto último, la editora Deborah Holtz, de Trilce, destacó:
Nunca mejor dicho en este momento que estamos viviendo en el país. Esta declaración lo subraya y ahora es muy importante para nosotros, porque el libro y lo que hacemos contribuye a esto.
Otro aspecto de la declaración llama la atención acerca de que
los actores digitales en posición hegemónica (Amazon, Google, Apple) no deben ser eximidos de las leyes y reglamentaciones fiscales vigentes en los distintos países en los que actúan.
En la declaración, los editores independientes llaman
a los poderes públicos y organismos internacionales a establecer leyes que fomenten la bibliodiversidad, para que los editores y los libreros puedan seguir asumiendo su papel indispensable de actores y mediadores en favor de la cultura.








