13/6/11

Colaboración con GAZPACHO

Gracias por la invitación a participar de este número de Gazpacho que estas coordinando, Enrique. Me escribís desde Pamplona, y te leo en el iPhone en Paris, donde estoy atendiendo al Salon du Livre. Me decís que el cierre es esta misma semana así que dudo. Pero tampoco el jetlag me permite conciliar el sueño así que ensayo escribir en el iPad unas breves líneas, que si no salen esta noche, no saldrán en los próximos días, que prometen ser ajetreados.

Desde que hace un poquito más de dos décadas me inicié en este oficio de la edición la comunicación ha cambiado. Los medios de producción han cambiado radicalmente. Y las formas de consumo han comenzado, muy modestamente a cambiar.

Al principio había tipógrafos, linotipistas, componedores, peliculistas. Pero en los dos años que fueron del 89 al 91, ya pude fundar la marca editora en el living de casa, muñido de una PC con procesador AT y pantalla de letritas color ámbar.

En el 747 que me dejó esta mañana en CDG no vi a nadie leyendo en cacharros electrónicos. Yo no llegué a encender el mío, porque cuando estaba terminando de acomodarme para leer La descomposición de Hernán Ronsino, publicado por interZona, la azafata me pregunto si viajaba solo y luego me invitó a cambiarme de asiento. Con el iPad y el libro bajo la axila, la seguí hasta una línea central de cuatro butacas, de las cuales tres estaban libres. Mucho más cómodo, gracias. ¿A qué no saben quién estaba sentada en la cuarta? Hernán Ronsino. Nos estiramos para saludarnos y nos reímos un rato con la casualidad. La azafata no podía creer, no sólo el hecho de que nos conozcamos, sino que él era el autor del libro que yo estaba leyendo.

¿A qué voy? A que hay algo pequeño, del orden de lo sensual en el libro que ni iPad, ni Kindle, ni Sony Reader, ni Nook, ni Fnacbook dan. S hubiera estado leyendo el texto (evito decir "libro") en pantalla, ese momento feliz no hubiera existido. Y por supuesto no le hubiese pedido a Ronsino que me lo firme en la backcover del iPad.

En USA las ventas de libros electrónicos ya superaron el 5%. Es que son unos nabos. Hace dos años que vienen regalándose lectores para navidad, los unos a los otros. Y ahora tiene que llenarlos. En Francia las ventas de libros electrónicos no llegan al 1%. ¿Por qué deberíamos preocuparnos en la Argentina, donde nadie tiene lectores y los que tienen no pueden sacarlos en el Subte porque se los afanan o llevarlos a las playas porque se llenan de arena o leerlos a la noche en el jardín porque la pantalla atrae a todos los mosquitos que antes iban a la lámpara que iluminaba las lecturas de papel?

Como ya sabés, soy un militante del papel. Pero no soy menonita y mucho menos un luddita. Es que antes que eso soy un militante de la diversidad y de la libre expresión. Y eso es algo que el papel da, y el ebook, al menos mientras no exista un modelo de negocio que garantice la bibliodiversidad y la subsistencia de la edición independiente, quita.

Yo se que muchos piensan, y creo que vos entre ellos, o al menos, creo recordar que eso pensabas cuando charlamos de esto hace un par de años, o sea, una eternidad, que la autoedición y la posibilidad de publicar en blogs y "por la libre" son garantías de la libre expresión. Yo creo que la cuestión no es tan simple.

El papel vale poco. La tinta vale poco. La tinta más papel pueden valer mucho o nada. ¿Cómo es eso? El editor pone en valor el discurso del autor y, ya convertido en libro, según se entienda esa mercancía con el mercado cambia su valor. ¿Verdad? O sea que un editor participa de la puesta en circulación de una idea, la imprime en papel, la distribuye y comercializa en diversos canales a través de redes de compleja construcción que incluyen periodistas, críticos, distribuidores, libreros, la puesta en valor de un catálogo que excede al libro mismo.

Los indies estamos convencidos que debemos defender esa red y privilegiar el canal de las librerías para poner en circulación nuestros textos en formato libro. En ese terreno damos nuestra lucha territorial con la alianza de muchos libreros que entiende la importancia de sostener también los proyectos editoriales independientes y en consecuencia la cadena de valor del libro.

Y hasta que no aparezca un modelo de sustentabilidad económica que nos garantice esos espacios de visibilidad, el respeto al precio único y a la Ley de Protección a la actividad librera, el justo reconocimiento de nuestro trabajo y el de nuestros autores, no nos sentimos demasiado proclives y entusiasmados a derivar las escasas utilidades de los proyectos independientes a un devenir digitales.

En el espacio digital existen múltiples canales, con requisitos que se renuevan de manera permanente, lo que de por si implica una atención extra por parte de los editores ya de por si demandados con una inmensa y variada cantidad de tareas cotidianas. Pero aunque aún los formatos de edición y lectura no determinan de definir, tienden por cierto a una conglomeración en la que los actores protagónicos provienen del mundo tecnológico y financiero (Apple, Amazon, Google). Desconfiamos de ellos y no creemos que, hasta que seamos capaces de desarrollar una internet civilizada, sea el momento de comprometer nuestros recursos en ese cambio tecnológico.

Ahora intento bajar el discurso a Tierra (¿o a tierra?): si invertimos en digitalizar y publicar en formato digital, nuestros libros estarán gratis en Taringa (invento argentino!) la semana que viene. ¿Cómo los cobramos? Por el contrario, si algunos, digamos un 10% o un 30% de nuestros lectores prefieren leer nuestras producciones en formato digital, sea que la compren en Amazon o Libranda o la bajen de Megaupload, digamos que vendemos 20% menos de libros de papel, o al menos un 20% menos en una librería amiga de la calle Corrientes..., ¿cómo pagará el alquiler esa librería? Y si no puede pagar el alquiler, cerrará y ya no venderemos 20% menos, sino 100% menos. ¿Estamos preparados para eso, para basar nuestra industria en una única dimensión electrónica?

Es un asunto serio. ¿Sería grave que se cierren librerías si igual podrías bajarte o conseguir los contenidos en formato electrónico? Sí. Porque podrías bajarte, en términos de Google, TODO lo producido por el hombre. Pero, ¿cómo se producirán contenidos en el futuro? ¿Quién va a investigar, escribir? ¿Quién a seleccionar, editar? ¿Qué editores y libreros funcionarán como mediadores de tus consumos culturales?

Bueno, che, no me quiero seguir peleando con vos. No hace falta que me respondas. Todo lo que escribí es retórico. Si te sirve, lo publicás, sino, lo tomo como un ejercicio para conciliar el sueño.