23/6/06

El lector contento

El placer de estar contigo


Por Mex Urtizberea
para LA NACION





NO siempre; de vez en cuando; por momentos; cada tanto; no todos los días; a veces.

Cuando Tevez juega con alegría de barrio. Cuando un grupo de cartoneros porteños recolecta ayuda para un pueblo del Chaco en el que no hay agua. Cuando la cámara enfoca a Maradona alentando apasionadamente a sus compatriotas ante la mirada conmovida de todo el mundo, que quisiera tenerlo gritando así para su equipo.

Cuando un almacenero fía.

Cuando un jugador argentino, en México, le avisa al árbitro que se tropezó solo, que no le hicieron el penal que cobró. Cuando escribe Fontanarrosa, cuando Lucrecia Martel hace una película, cuando dibuja Liniers, cuando Olmedo improvisaba, cuando actúa Norma Aleandro, cuando Pugliese tocaba el piano, cuando se lee a Oliverio Girondo.

Pasa, entonces, que se siente el placer de ser argentino.

No es siempre; es de vez en cuando; por momentos; cada tanto; no todos los días; a veces.

Cuando Pekerman mantiene su humildad después de ganar 6 a 0. Cuando el asado sale bien y no fue caro. Cuando un hijo consigue un trabajo que le gusta y con un sueldo digno, cuando el colectivo no viene lleno, cuando un inmigrante pudo construirse su casa acá.

Cuando Riquelme mira.

Cuando una decisión se toma en asamblea. Cuando se empata, pero se jugó bonito. Cuando los vecinos se juntan para defender el medio ambiente, cuando un grupo de trabajadores recupera una fábrica, cuando la Justicia permite, tal como ocurre en los países del Primer Mundo, que se casen dos personas que se aman aunque sean del mismo sexo.

Pasa, entonces, que se siente el placer de ser argentino.

No es siempre; es de vez en cuando; por momentos; cada tanto; no todos los días; a veces.

Cuando Ayala dice en conferencia de prensa que lo que le da felicidad es estar siendo útil a su país. Cuando se defienden los derechos humanos. Cuando de todas partes del mundo nos compran formatos, guiones, ideas televisivas.

Cuando la tiene Messi.

Cuando un argentino dice no, y empuña su cacerola.

Cuando se cae en la cuenta de que en todos los proyectos solidarios siempre hay estudiantes de la UBA brindando gratis su tiempo y sus conocimientos.

Cuando un gol llega después de que la tocó todo el equipo.

Cuando canta Liliana Felipe, cuando Borges hacía un chiste, cuando se oye la guitarra de Yupanqui, cuando hablaba Jauretche, cuando juega Ginóbili, cuando gesticula Francella, cuando cocina Dolli Irigoyen.

Cuando la selección juega como si el fútbol fuera fútbol, y no un negocio.

Pasa, entonces, lo que no pasa todo el tiempo, porque hay días en que se siente vergüenza, y en otros momentos indignación, y a menudo amargura, y de vez en cuando enojo, y por lo general desconfianza, y siempre impotencia, pero cada tanto sí pasa, y es justo decirlo: a veces se siente un placer infinito de ser argentino.
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