11/2/05

En esta época todos los amigos salen de viaje.
Uno se quiere tomar una cerveza y éste o aquel no están; están de viaje.
Cutral se fue de viaje. Ya no podremos tomar cervezas con Cutral.
Y Cutral se fue de viaje porque ya no podía tomar cervezas con nosotros.

Me hubiera gustado poder brindar con él, por su viaje.
O brindar con los amigos, por el viaje de Cutral.
No se pudo.
El misterio de su viaje nos ha dejado a todos sorprendidos, doloridos, incrédulos… que se yo, como dice Osvaldo: "a cada uno le pasan otras cosas", y cada uno encuentra sus formas de despedida.

Yo quiero, de cualquier manera, proponer un brindis.
Propongo brindar por ese descubrimiento que hizo Cutral sobre el sentido de la vida, aún antes de sospechar la emergencia de su viaje.

Hace uno años cuando sin abandonar su pasión por los libros y por el anarquismo comenzó a ampliarla en la música, aprendió un instrumento, promovió una banda, se empecinó en ponerla a andar… y a ritmo inusitado (“injustificado” creia yo entonces) comenzó a comprar guitarras y bajos, una camioneta para salir a la ruta, una oficina para hacerle espacio al estudio, un estudio de grabación…
y, titánica tarea, impulsó una colección de títulos ácratas. Como resultado lo que por años fue una utopía para los editores filolibertarios, por su obstinamiento, pasión, y particularísimo modo pasó a ser una realidad.

Parece que la vida se trata de eso, de poner en funcionamiento nuestra energía en el sentido de nuestro deseo. ¿No?

Miren esta foto.
En el escenario donde toca la banda de Cutral, invitado especial y espontáneo está Pappo.
Y Cutral toca, aplicado, pero sobre todo sonriente y pleno.
Me quedo con esa foto que nunca hice, porque no estuve ahí, pero puedo imaginar perfectamente.

Vicio de editor: trato de ponerle sonido. Es raro. No suena Pappo. No suena Cutral. Suena John Fogerty. Suena Creedence.