27/4/99

MANIFIESTO BUENOS AIRES
Buenos Aires, 27 de abril de 1998


Buenos Aires siglo XXI

París en el siglo XIX, Berlín en los 30, La Habana en los 40, Hollywood en los 50, Ipanema en los 60, El Soho en los 70, Madrid en los 80, los 90 en Interet. Buenos Aires año 0.

Buenos Aires, la ciudad, se diluye en la congoja y la melancolía. Una vez más la bruma de los pensamientos cargados de nostalgia tanguera se apodera de las calles hasta confundirse con los reflejos de un río paralizado en el daguerrotipo de una actividad grandilocuente e imperial que ninguno de nosotros ha vivido.
Nada de eso nos importa demasiado. No vamos a llorar por enésima vez la caída de Yrigoyen. La ciudad se ahoga en calles inundadas en un fenómeno meteorológico que nada tiene que ver con la corriente de ningún niño sino con el impulso incontrolable e incontinente de sus habitantes de vivir por, para y en la queja constante: parece la ciudad una inmensa plañidera.
Si otros pudieron sacudirse de encima el Muro, bien podemos hacer lo propio con El País de la Lágrima. Vamos, que hasta Woddy Allen ya ha abandonado el psicoanálisis.

El Buenos Aires que se impone, el que ya estamos viviendo, el que a nosotros nos interesa, parte de la constatación de que hace ya mucho rato hemos tocado fondo. La consigna que nos reúne es hacer de Buenos Aires un lugar donde valga la pena vivir: esta es nuestra última oportunidad. Tenemos la mejor ciudad del mundo y no nos habíamos dado cuenta hasta ahora. Obsesionados por las copias de las copias de los edificios que otros habían inventado no nos habíamos dado cuenta de que lo mejor que tenemos es lo que se mueve entre las calles y los edificios: millones y millones de gente joven dispuesta y disponible que está viviendo su momento aquí y ahora, su paraíso en la Tierra: ¡ya!

Dicen que no hay dinero y que no hay trabajo. Mejor: al ponernos a hacer cosas tendremos que inventar nuestro propio puesto de trabajo. Y esto es lo que está ocurriendo: la ciudad esta llena de desocupados con mucho tiempo libre que han descubierto que quieren ser artistas. Como nadie es nada, en un ejercicio de despiste, muchos han decidido que son artistas. Nos parece bien: en el siglo XXI todos queremos ser artistas. El arte, hay que admitirlo, es la utopía más resistente: el arte aguanta. ¡Aguante el arte!
Dicen que no hay suficientes salas y centros culturales. ¿Qué quieren? ¿Un Leviatán transvestido de Madre Teresa? Lo que precisamos son más bares y más barras donde enseñarnos los unos a los otros las historietas, los letras, las imágenes y los sonidos que conmueven. La eterna cultura del café se encierra en la mesa, en el cerrado coto vienés de quien está sentado en el rectángulo sagrado; la barra es el territorio abierto donde fraguar el siglo entrante y un espacio propicio a los encuentros más sorprendentes.
Dicen que los uniformados habitantes del microcentro porteño desprecian la cultura y no invierten en cuadros y libros. Pues peor para ellos. En realidad, resulta irritante ver a uno de estos leguleyos aspirantes a último mono de multinacional con alguna de nuestras revistas bajo el brazo. Nos dan “mala imagen”.
Dicen que en el Primer Mundo ya se han olvidado de nosotros. Pues es lo mejor que pueden hacer porque también nosotros nos hemos olvidado de ellos.

Finjamos confianza: cuando quieran conocernos, que vengan. El siglo XXI será Buenos Aires o no será. Lo decimos porque se nos da la gana. Y si tenemos que rendir cuentas a alguien que venga el siglo XXI y nos las pida.

Guillermo Tonsky (agitador), José Martinez (escritor), Guido Indij (editor), Bianca Atwell (música), Silvia Badariotti (cineasta), Mario Salcedo (gastrónomo),

Y siguen las firmas.